Recuerdo una escena en la que un hombre y una mujer, sentados frente a frente una tarde en el Parque Forestal, fueron sorprendidos por una anciana que vendía pequeñas rosas rojas.
La joven, con la suspicacia que la caracterizaba, la miró desconfiada presintiendo que el puñado de rositas era parte de algún rosal cercano. Él, sin embargo, con la timidez y el nervosismo que pudo caracterizar un encuentro como ese, accedió a la oferta, que parecía más bien un soborno. Paso siguiente: él le regala la rosa a ella, y ella le saca las espinas sin tener claro lo que podía decir; entendía el gesto de cortesía, pero la desconcertaba precisamente el descuido. Y qué haría con una rosa que pronto moriría seca y de aspecto deprimente, finalmente las rosas rojas con el tiempo se vuelven negras.
La verdad es que ella estaba siendo muy estricta: su papel en ese entonces era no dejarse conquistar tan facilmente, poniendo el muro frente a su corazón. Quizás él pudo percibirlo, quizás no.
Luego llegaron -para quedarse- las rosas azules, pero ya para ese entonces el muro había sido derribado y ella al tomarlo de la mano y sostener con la otra una rosa, se sentía flotando en la dicha y la fortuna.
El girasol llegó dulcemente un día, junto a un jugo natural lúcuma-arandano. Si bien ella hubiera preferido que el sentido de esa flor no hubiera estado relacionado a "disculpas, perdón u olvido", dejaba colarse el júbilo por el brillito de sus ojos al sentirse nuevamente una afortunada. Le encantó imaginarse a ese hombre caminando nerviosamente con un enorme girasol hacia su destino, le encantó imaginar que lo buscó y eligió pensando que ese tamaño de pétalos y el color combinaban perfectamente con las mejillas de ella. Ella ya se sabía soñadora.
Ahora, ella entona suavemente una canción de los Kuervos del Sur que menciona la llegada del porvenir junto a un conjunto de flores, para que él de vez en cuando retome la gracia de hacerla imaginar un hombre nervioso, algo avergonzado, que debe elegir el color y el tamaño adecuado que combine con ella, con toda ella, para que luego ella se sienta afortunada y observada y especial.
Creo que la dulce técnica de la canción, lo ha dejado enternecido, y es que ella ya lo ha percibido cuando ambos de la mano encuentran en el camino un puesto de flores de vivo colores. Claro que ella no querría más rosas rojas ni azules, conociendola como la conosco creo que preferiría las rosas blancas, o los girasoles, o los hermosos tulipanes... hay que esperar a ver con qué la sorprende.









