Recuerdo esos paseos por los pasillos del Blockbuster, dubitativos, buscando la sección de cinearte, deteniéndonos con buen animo frente a la colección de las películas de Woody Allen, y topándonos de vez en cuando con el cine nacional. Es así, como varias veces –tú o yo- tomamos esta película sin decidirnos bien si llevarla o no, y luego devolviéndola a su lugar, algo inseguros. Varias veces preguntaste ¿por qué no la llevas?; la verdad no me tincaba, el tráiler me parecía vacío de sentido, inconexo. Sin embargo, durante esas noches de desvelo temprano, me topé con la sección del cine chileno en el canal nacional, y le di una oportunidad a esta película: La Buena Vida.
La película por lo general, da muestra de ciertos “recursos” (terapéuticamente hablando) existentes en cada persona para enfrentar la vida que le tocó vivir. No es una obra maestra, pero me gustaría tener presente una parte de las 3 historias que ahí se relatan: un hombre sin dinero, un cementerio que cobra el arriendo de la tumba del padre, un préstamo que no llega a tiempo, el mismo hombre reconstruyendo los huesos de su padre (o de otros) que fueron a parar a la fosa común, para la tranquilidad propia y la de su madre.
Fue una grata experiencia. La vida entre el humor y el drama. Los hombres, sosteniéndose de lo que tienen al alcance, y si no lo tienen, lo inventan.
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