Guardé tus últimas palabras en el mismo baúl donde descansaban las demás. Me di cuenta del tornasol que habían formado todas esas letras. Claro, los colores y las intensidades habían cambiado, como cambian todas las cosas, a partir de la luz. (El día en que cerré ese baúl por última vez, estaba muy nublado, la niebla se tragaba con ganas los rayos del sol. De mi sol. De tu sol.)

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