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Desde la ventana del bus, destino a Valparaíso, despidiendome de San Felipe, solo observo:
- Señoras sentadas en el umbral de la puerta de calle, con la bolsa de pan en la mano, bebiéndose la sombra de un gran árbol que se acicala con el viento juguetón.
- Una carreta arrastrada por caballos se detiene en la esquina de una calle a la orden del semáforo.
- La línea del tren intercepta sin cuidado la avenida principal; la Alameda, como le dicen por allá.
- Hay casas de adobe descascarándose por el sol impetuoso, y casonas coloniales que abren paso a grandes Fundos.
- Un arriero sobre su yegua, levantando polvo en un camino desierto al costado de la línea férrea.
- El cerro descansa al lado, al ladito, al alcance de mi mano.
- Las pequeñas casas de campesinos se pierden entre hectáreas de parronales, sembradíos y cosechas.
- Un silencio respetuoso en la gente, en los hombres de manos curtidas por la tierra.
- Finalmente, al ingresar y al salir de San Felipe, nos recibe una pequeña comuna llamada Panquehue, de una sola calle, donde desfilan una al lado de la otra las instituciones publicas; carabineros, municipalidad, registro civil, bomberos, Liceo, la Iglesia, y luego casitas y casonas, unas mas frágiles que otras, pero todas bajo la sombra del camino de árboles que bordea la calle.
- Los sauces jalados por el viento, se ven más llorones que nunca. Y las animitas plagadas de claveles, parecieran rendirle culto a la vida y la alegría.




Me encantó tu descripción tan cotidiana:) dan ganas de viajar ahí.
ResponderEliminar*Por cierto veo q compartimos gustos . Al menos Oliverio Girondo y Cortázar ... Saludos:)