Extraño el camino de tierra arriba de un bus que pasará sólo 3 veces en el día; y las casas aisladas por kilómetros que guardan en sus patios a ovejas y vacas en lugar de perros; y el silencio espontáneo que se traga a todos; y el cementerio tan lleno de colores que simula guardar vida antes de muerte; y su iglesia, sí, sobretodo extraño esa iglesia que guarda un color natural gastado, y cuya torre es posible divisar desde cualquier parte del pueblito. Incluso extraño la voz –el tono cantadito- del hombre que nos tomó esta foto en la entrada de la iglesia, diciendo algo así como “no se na´yo cómo se usa esta cosa”, sin embargo la fotografía me parece perfecta en su sencillez.
Me gustaría regresar a esa isla (Lemuy), quedándome en Puqueldón y desde allí volver a recorrerlo todo, sin temerle a las horas.
Sin duda, Lemuy es la isla que guarda toda la esencia chilota, reservando la magia de la isla grande.
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