Frio. Cómo hace tiempo no sentía. Mucho frio. Pies helados, dedos perdidos en la sensación de hormigueo que trae consigo este frio. Un frio que congela todo, que congela recuerdos y sueños, los sueños que son como recuerdos inventados, recuerdos que quiero tener de lo que nunca ocurrió, de lo que nunca dejó él que ocurriera. Hace frio y tengo frio pero me agrada. Adoro ver el día gris, un cielo cubierto y taimado, una lluvia estancada en las nubes heladas, tan heladas como mis pies, como los dedos de mis manos, como el borde de mis orejas, como la punta de mi nariz. Un frio que hiela mis pupilas, frio que refresca mi aliento, frio que calienta la emoción de volver a sentirte cerca, aunque sea en el recuerdo, uno de esos recuerdos que me invento. Me invento y no te cuento, no te cuento porque no quieres escuchar, no quieres ver, no quieres leer, no quieres abrazar, no quieres besar, no quieres arriesgar, no quieres porque eres frio. Tan frio o más frio que este frio. Mi frio. Frio.
martes, 28 de junio de 2011
lunes, 27 de junio de 2011
[Ojalá hubiera sabido lo que buscabas…]
El viaje fue largo. Más largo que otras veces. Se la tragaba el en-trañamiento, esas ansias de tenerlo pronto cerca, ojalá en su interior, devorárselo para que no volviera a faltarle. Los vidrios se empañaron rápido y no pudo perderse en el paisaje del camino, ni quiso dibujar sobre el vaho, sólo quería estar en un lugar donde no cabía, donde sobraba, donde no tendría la acogida anhelada. Parecía una locura, pero el riesgo alimentaba una inquietud infantil y juguetona que a veces la sobrepasaba. A veces sentía que no sabía realmente lo que buscaba, ni lo que encontraría. Las dudas se comían su sien a mordiscos produciéndole jaquecas terribles, las palabras se le atoraban en la garganta, las muy malditas se aferraban con uñas para no salir generándose el famoso nudo que no permite ni tragar ni escupir. Y como la mujer era vulnerable escuchaba a The Church con ganas de pescar un auto a 100 km/hr y acelerar hasta desaparecer, hasta ser más rápida que sus deseos, hasta escapar de su propia conciencia (como si fuera posible alguna vez). Pero como no tenia ese auto –ni siquiera sabía manejar- y las palabras-los deseos-los anhelos continuaban atormentándola, sólo ponía sus pequeños dedos sobre unos grandes ojos, dedos finos y tersos capaces de transmitir serenidad. El corazón galopaba bajo su pecho, los caballos se habían desbocado, en cualquier momento su camisa a cuadros comenzaría a sangrar hasta dejarlos salir, caballos negros, violentos, furiosos, provenientes de un corazón doliente y dolido pero con ansias tremendas de volver a amar. Su reflejo en el vidrio sólo le entregó una mirada penetrante pero temerosa, triste, proveniente quizás de los ojos de un ángel caído. Eran sus ojos. Sus expresivos ojos.
UNDER THE MILKY WAY (Bajo la vía láctea)
Algunas veces cuando este lugar se vacía, y el sonido de las respiraciones desaparece, yo medito sobre la influencia del desamor, bajo la vía láctea, esta noche, y se baja el telón en menphis, se baja el telón,esta bien, no tengo tiempo para ir a un especialista, bajo la vía láctea esta noche, ojala hubiera sabido lo que buscabas, debería haber sabido que lo encontrarías, ojala hubiera sabido lo que buscabas, debería haber sabido que lo encontrarías. es que estas cosas son peculiares, algo que es brillante y blanco te trae aquí a pesar de tu destino, bajo la vía láctea esta noche, ojala hubiera sabido lo que buscabas, debería haber sabido que lo encontrarías, ojala hubiera sabido lo que buscabas, debería haber sabido que lo encontrarías, bajo la vía láctea esta noche…
miércoles, 22 de junio de 2011
¿dónde puedo vivir sin recordarte? [J.L. Borges]
Dime...
Dime por favor donde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.
Dime por favor en que vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.
Dime por favor por qué camino,
podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descansar de mi tristeza.
Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.
Dime por favor donde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.
Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.
Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.
[J.L. Borges]
(“lo que necesitabas era deshacerte de mí”)
[Pareciera que nunca me conociste realmente, pareciera que nunca me entendiste, pareciera que realmente nunca supiste cómo sentir, pero la electricidad te atrajo cerca de mi, lo que necesitabas era deshacerte de mi. Hubo momentos donde realmente me hiciste sonreír, y hubo momentos donde realmente me hiciste llorar, y hubo momentos donde no supe cómo sentir, pero la electricidad te atrajo cerca de mi, lo que necesitabas era deshacerte de mi, y el miedo te volvió tan insegura, lo que necesitabas era deshacerte de mi.]
Electricity – Anathema
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sábado, 18 de junio de 2011
Esquivando charcos…
…¿Cómo decía el cuentito de la lluvia en la estación de metro? Algo así como me di cuenta que dejé de ser niña cuando en lugar de pisar los charcos comencé a esquivarlos. Algo de eso sucedió hoy, claro que con cierta torpeza porque me mojé igual, y una vez pisada el agua da lo mismo cuánto más me moje. Lo peor son los paraguas, incontrolables, molestosos, entorpecedores. La mejor parte es cuando todos arrancan y la ciudad queda abandonada un rato, vacía, limpiándose de nosotros mismos.
Ahora, los días de lluvia son para mirar por la ventana, ver películas tapados hasta la nariz y comiendo chocolates, o para escuchar a Beth Gibbons si el instinto fuera querer morir de nostalgia un rato.
*Fotografía bandejón central Alameda, Metro Moneda.
viernes, 17 de junio de 2011
Dame un derby o un malboro, da igual, no fumo, pero gracias…
Gracias también por el café, estaba amargo, pero mejor así, me mantengo despierta y con las defensas en estado de alerta. La conversación me sonrojaba a ratos, sobretodo por esas carcajadas tuyas que te transformaban en un niño coqueto, niño y coqueto, qué contradicción, pero no contigo, contigo las contradicciones se vuelven naturales, ni siquiera el tiempo es capaz de tocarte y moldearte, o quizás el tiempo que no ha pasado en la fotografía que tengo de tu ultimo recuerdo hace unos ¿12 años?, sentado allí fumando, con la mirada desviada como siempre, y tus zapatillas rotas como las mías, como si fueran compañeras de viaje. Qué locura, yo hablando de las zapatillas y tú de los cigarros. No, no fumo, o sea, fumaba, hace como 8 años, pero el tai chi me quitó el vicio, técnicamente fue el aprender a respirar, aunque confieso que ahora me gustaría uno. Sí, uno de los fuertes, con aroma a Lucky ¿tienes?… gracias, ahora sólo falta el fuego, prefiero fósforos, es una estupidez, pero si voy a fumar tengo que hacerlo bien grungeramente, jajajajaja, te ríes, yo también me rio de mi. De mi y mis tonteras. De mis excusas. Bueno, enciende tu encendedor, pero te advierto que me gustan tus dedos, sobretodo cuando juegan con el cigarro, y esa venita que se levanta en tu mano cuando te la llevas a la boca que se ha transformado en trompita de elefante. Déjame jugar, cómo cuando jugábamos a las miradas, o como cuando jugábamos a los mordiscos. No, no, qué vergüenza, este café tenía algo ¿cierto? ´¿qué le pusiste a mi café?, de todos modos, gracias. Hace tiempo no me invitaban un café, mucho menos si es para hablar del tiempo, de cómo pasa y no pasa el tiempo, de cómo jugamos con él, de cómo lo traicionamos. Es tarde, tengo que ir a ver a los niños, porque tengo 2 hijos, ¿te conté?, Mateo de 3 y Manuela de 2 años… sí, Manuela, me gusta, sólo los hombres le podrían dar un mal significado a ese nombre. Eres infantil, me gusta eso, aunque claramente esto no debiera decírtelo, no en estas circunstancias, menos cuando estoy a punto de irme. Bueno, fue un placer. ¿Que cuanto tiene que pasar para vernos de nuevo? espero que no 12 años nuevamente, ojalá 12 horas, 12 minutos, 12 segundos, 12 milimetros de segundos. Se que no debería decirlo, pero cierra los ojos, sólo cierra los ojos o haz como si no estuviera enfrente tuyo, déjame mirarte, déjame tocar tu pelo, pasar mis dedos por tus ojos, por tus labios, déjame guardar esta fotografía entre mis manos, para que el tiempo no pase, nuevamente, hasta otro café, otro cigarro.
lunes, 6 de junio de 2011
Anacrónica (crónica)
La típica canción de Beck sonando en el recuerdo, mientras la lluvia caía sobre el vidrio, gotas suicidas si quisiera invocar a Cortázar, El aroma agrio del sepia que con una calidez desamparada retrata luces y sombras. Sólo entonces se detuvo el tiempo haciendo honor a otros tiempos, buscando desdoblarse, pero sin lograrlo.
Y llueve, por fin llueve “llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós. “ (Aplastamiento de las Gotas, J.Cortázar)