Gracias también por el café, estaba amargo, pero mejor así, me mantengo despierta y con las defensas en estado de alerta. La conversación me sonrojaba a ratos, sobretodo por esas carcajadas tuyas que te transformaban en un niño coqueto, niño y coqueto, qué contradicción, pero no contigo, contigo las contradicciones se vuelven naturales, ni siquiera el tiempo es capaz de tocarte y moldearte, o quizás el tiempo que no ha pasado en la fotografía que tengo de tu ultimo recuerdo hace unos ¿12 años?, sentado allí fumando, con la mirada desviada como siempre, y tus zapatillas rotas como las mías, como si fueran compañeras de viaje. Qué locura, yo hablando de las zapatillas y tú de los cigarros. No, no fumo, o sea, fumaba, hace como 8 años, pero el tai chi me quitó el vicio, técnicamente fue el aprender a respirar, aunque confieso que ahora me gustaría uno. Sí, uno de los fuertes, con aroma a Lucky ¿tienes?… gracias, ahora sólo falta el fuego, prefiero fósforos, es una estupidez, pero si voy a fumar tengo que hacerlo bien grungeramente, jajajajaja, te ríes, yo también me rio de mi. De mi y mis tonteras. De mis excusas. Bueno, enciende tu encendedor, pero te advierto que me gustan tus dedos, sobretodo cuando juegan con el cigarro, y esa venita que se levanta en tu mano cuando te la llevas a la boca que se ha transformado en trompita de elefante. Déjame jugar, cómo cuando jugábamos a las miradas, o como cuando jugábamos a los mordiscos. No, no, qué vergüenza, este café tenía algo ¿cierto? ´¿qué le pusiste a mi café?, de todos modos, gracias. Hace tiempo no me invitaban un café, mucho menos si es para hablar del tiempo, de cómo pasa y no pasa el tiempo, de cómo jugamos con él, de cómo lo traicionamos. Es tarde, tengo que ir a ver a los niños, porque tengo 2 hijos, ¿te conté?, Mateo de 3 y Manuela de 2 años… sí, Manuela, me gusta, sólo los hombres le podrían dar un mal significado a ese nombre. Eres infantil, me gusta eso, aunque claramente esto no debiera decírtelo, no en estas circunstancias, menos cuando estoy a punto de irme. Bueno, fue un placer. ¿Que cuanto tiene que pasar para vernos de nuevo? espero que no 12 años nuevamente, ojalá 12 horas, 12 minutos, 12 segundos, 12 milimetros de segundos. Se que no debería decirlo, pero cierra los ojos, sólo cierra los ojos o haz como si no estuviera enfrente tuyo, déjame mirarte, déjame tocar tu pelo, pasar mis dedos por tus ojos, por tus labios, déjame guardar esta fotografía entre mis manos, para que el tiempo no pase, nuevamente, hasta otro café, otro cigarro.
viernes, 17 de junio de 2011
Dame un derby o un malboro, da igual, no fumo, pero gracias…
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